I
La callada noche no refrena.
Siente la mirada,
la multiplicidad,
el fruto entre las hojas...
La poesía:
su luz pura y hermosa.
Suelto ya la rienda
II
Barcas parten
en voz del agua;
ya no añoran viejas rutas,
ya no sollozan la carne...
¡son las olas!
Ellas sueñan el trazo desnudo;
luchan el tiempo,
para luego,
borrarse la piel.
III
Las leves ondas
que este mundo
provoca de un lento suspiro.
¿De dónde vengo?...
de la vida
y de la muerte
de ese algo indefinible
que provoca
el monótono ruido del agua
y el temblor.
IV
¡Ah! así surgió tu vida
latiendo dulcemente partiste!
Susurraste gozosa
sin peso
tan tenue como el aire.
Despertaba tu carne
con paso incandescente
de poema
crecido
en meridiano.
V
Vino la noche y enmudeció la lira.
Yo quisiera escribirle
del dolor de tus vanos ojos,
los sueños de artesano,
los inviernos de latido imperturbable
y las fuentes de la vida.
¡oh, hermosa!
mientras haya azúcar y alcohol en el mundo
podrá brotar y dispersar el viento.
Ahora lo sabes: en tu falda siempre habrá poesía.

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