era veintidós
pedro aún
sentía su pecho crecer ante cada mirada
entraba el invierno
vagos suspiros embriagaban el aire
hablar implicaba humedecer la tesitura entre cachete y cachete
bostezo y almohada
anhelo y ternura
alcohol
y podredumbre
derramar
así
desaforado y sin abrigo
no tenía sentido alguno
más que
simplemente
desasir
desasir y vagar
romper desmedidamente
sin espera
sin momento
sobre el concreto
sin plena concreción
sólo fluidos
y qué miedo
pero pedro
¿que estás encendiendo pedro,
sino el color y el torbellino?
recapitulemos
pobreza en la ciudad
mierda en nuestros zapatos
miradas frías y esquivas
un grito mudo envuelve algo de todo esto
rabia caliente y respiraciones agitadas
pechos disponibles
a contrarreloj
dicen que es creer o reventar
y qué miedo
¿pero
y si reventamos pedro?
¿como si reventar
no fuese
tan solo la idea
más desquiciada de todas?
¿o como si desquiciar fuese,
incluso,
lo más tentador
de ser
vulnerabilidades
encendidas?
encender y reventar
desquiciadamente
si total
vivir es eso