Extraña secuencia de eventos:
Cajas de cerillas mojadas,
que alguna vez encendí
raspando contra mis rodillas,
yacen sobre mis hombros,
bajo el umbral de mi templo.
Como si mis rodillas,
tan chuecas,
tan desgarbadas,
no hubiesen tenido suficiente
con chocar entre ellas al caminar.
Como si no hubiesen tenido suficiente
con crujir al ritmo del repiqueteo de la lluvia,
contra chapas y paraguas en movimiento.
Extraña secuencia de eventos:
Fulanito habla sobre ser inmortal.
Fulanito habla sobre ser inmortal.
Así, con tanta liviandad.
Con tanto conservadurismo.
Con tanta picazón insatisfecha
denotando lamento.
denotando lamento.
Como si las temporalidades fuesen banales.
La vida.
La muerte.
Los flujos de cosas que circulan
y son,
y dejan de ser,
y chocan,
y atraviesan
y evocan...
y evocan...
...o el mar las juzga.
Todo depende de cómo entiendas
que un umbral debe ser atravesado.
A veces somos niños adormilados,
tanteando paredes en busca de sábanas
o faldas que recrean sábanas.
Muchas otras veces,
los umbrales recrean arrabales,
puertas entreabiertas,
nunca del todo silenciosas.
Al fin y al cabo
todo depende de cómo quieras recibir un beso.
Si debajo del umbral o tanteando huecos.
Si desde los labios
o desde las costuras que prenden
tu capa de piel a los huesos.
Extrañas secuencias de eventos:
plegarias sobre niños despiertos.
plegarias sobre niños despiertos.
