los momentos más calmos de la ciudad
perros sin dueño
y apariciones desesperadas
que sólo pueden hacerse visibles a través de la poesía
me hacen preguntas
que el viento vuelve inaudibles
todos encogemos nuestros hombros
descubro una vez más
el olor a invierno montevideano
esa mezcla entre humo de chimenea, tierra húmeda y brisa costanera
pienso
me gusta esa sensación del frío sobre la cara
que me recuerda que tengo una casa
atardezco lentamente
y antes que el cielo
aunque también después
por no decir que hoy morí un poquito más
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