Durante esas ebrias noches de agosto
mis manos registraban,
tercamente,
el paso del tiempo.
Mis manos,
yacían, coloradas,
sobre tu frente,
tu cálida frente,
te acordás?
Mis manos gélidas
sobre la calidez
de tu semblante entera.
Porque vos,
entero,
te relacionabas con la vida día a día
y yo seguía,
en partes,
con mis manos
en abril.

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