querían hacernos sentir culpa
por desatar murmullos entre el silencio,
pero era nuestra manera de resistir,
y la noche nos abrazaba
éramos murmullos fastidiosos,
gestos en carne viva,
olas sin prisa
éramos ruido de fondo
no nos alcanzaba con la duda,
con transformar en sed el miedo
y la sutileza caracterizaba
la fuerza con que el viento
envolvía nuestros trazos,
no había tiempo
que rigiese sobre nuestros gestos
y a ellos
nada les ocasionaba mayor fervor
que un grito al aire
y un pecho abierto
un ruidoso pecho abierto
haciendo eco por ahí
ni se imaginan
lo que es eso,
apenas saben llorar
habrá que desarmar
y volver a armarse
la noche aún abraza
el suelo fértil
y el plato caliente
la noche aún abraza el llanto
el gesto nómade
la sed risueña
aún abraza
el murmullo inquieto
aún abraza
y yo la dejo
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