ser casa, saberse hogar
ser casa,
iniciar las mañanas
con la obsesión por el café batido
y la densidad del suspiro abrumado
pensar
cada día
en lo difícil que es ser casa
y saberse hogar
dibujar grandes puertas
sobre pechos recién lijados
y ordenar los muebles
a espaldas del sol:
por las dudas,
por las deudas,
por las sombras,
por si perderse
entre las cortinas
parece menos costoso
que arrancar los yuyos
ser casa
y amanecer hogar
despegar las babosas
del muro de hormigón
(aunque por momentos
hacerse muro)
vaciar cada recipiente
rebasado en agua
sin pensar
demasiada
barrabasada
poner a dormir caricias,
recolectarlas
lo suficientemente maduras
despertar adormilada
y tomar de a buchitos
y sin amargura
cada rayón que no es puerta,
cada puerta que es caricia,
cada caricia que nace
ser casa
y saberse hogar
sin sentir la necesidad
de explicar rayones
sobre pechos
colorados del agite
que generan
las sábanas nuevas
sobre el viejo colchón
ser aire
entre cada nota
de un acorde desafinado
ser cortina
como hoja al viento
saberse caracol

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