nubes amarillas
paseando entre olivos
revientan sobre nuestras muecas
dulces aunque arrugadas
intransigentes
advierten
con facilidad
ecos de olvido
y colores descascarados
nubes amarillas
e intimidantes
embeben gritos descuidados
y sólo abrazan mis piernas
porque en ellas siento el miedo
pero también la ternura
cada atardecer
dibujan paisajes
jugando con las sombras
bajo farolillos recién encendidos
y aquejan los estribos
mientras
tímidamente
agradecen la confusión
pero bajo nuestros trapos
ahumados y de mala calidad
se enternecen nuestras pieles
o bien reaccionan
y un pájaro planea
sobre nuestras cabezas
y aniquila toda posible ostentación del movimiento
como si todo pudiera volverse aún más absurdo

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